Ningún
otro deporte aéreo permite a sus atletas experimentar el
vuelo humano de forma tan directa como el paracaidismo. Bajando
libre a 200 km/h, es el propio cuerpo el que, sujeto a la ley
de la gravedad, se sirve de la aerodinámica para convertir
la caída en vuelo. Sólo después del despliegue
del paracaídas los paracaidistas se convierten en pilotos
de un vehículo aéreo que dirigen hacia el objetivo
final.
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